Catequesis del Instituto Parroquial San Alfonso

¡BIENVENID@!

 

La oración de un maestro

 

Oh Dios, tú que siempre has llevado la vida a su perfección plena

mediante el paciente crecimiento,

dame paciencia para guiar a mis alumnos a lo mejor en la vida.

Enséñame a usar los móviles del amor y el desinterés;

y sálvame de la debilidad de la coerción.

Ayúdame a ser humilde y que me mantenga siempre joven

para poder continuar creciendo y aprendiendo mientras enseño.

Que pueda aprender las leyes de la vida humana tan bien que,

redimido de la insensatez de la recompensa y el castigo,

pueda ayudar a cada uno de mis alumnos a encontrar una devoción suprema

que los impulse a darse por entero,

y que esa devoción concuerde con tus propósitos para el mundo.

Concédeme la gracia de luchar, no tanto para ser llamado maestro sino para serlo;

no tanto para hablar de Ti sino para revelarte;

no tanto para referirme al amor y al servicio humano,

sino para poseer el espíritu del amor y el servicio;

no tanto para referirme a los ideales de Jesús

sino para mostrarlos en cada acto de mi enseñanza.

Líbrame de sumergir mis labores en la mediocridad,

ayudándome a tener siempre presente el pensamiento que,

de todas las actividades humanas, 

la ENSEÑANZA es en gran medida, 

la tarea que Tú has estado haciendo a través de todas generaciones.

Gracias Señor, por el don de poder enseñar!

Amén.